Un juego de niños sin sentido, esos a los que jugábamos cuando no sabíamos ni que sensación ibas a sentir en ese primer beso, con el niño que siempre veías a la salida de clase y que comentabas tan atentamente con tus amigas de esa infancia tan inocente y feliz que todos hemos vivido, sus andares, la sonrisa picara que te regalaba cada mañana, la separación de sus dientes, la mirada de inocencia e inquietud que tenias cada vez que le mirabas sin que se diera cuenta. Sensaciones que pueden volver a darse o no, ¿No? No es ninguna desilusión, esa que se piensa que es solo y exclusivamente por él. Él, el típico guapito que enamoraba a todas con su simple presencia, al que solo le bastaba acercarse un milímetro a ti y que tu cara se volviera del mismo color que los tomates.
Esa situación que no se va a dar. Pero que el propio se cuestiona.
"Reafirmando y reiterando que todo tiene un porque"
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